jueves, 28 de octubre de 2010

Desaparece el último oso autóctono del Pirineo


Se llamaba Camille y era el último oso autóctono que quedaba vivo en el Pirineo. El último superviviente de una vieja población que se enseñoreaba en esas altas montañas desde antes de que los humanos llegáramos a ellas.

Ha costado muchos siglos, venenos, trampas y perdigones, pero al final lo hemos conseguido. Camille ha muerto.

El último indicio que se tuvo de este ejemplar fue una foto realizada por cámaras automáticas de seguimiento de la especie el 5 de febrero de este año. Desde entonces (casi 9 meses) no se ha vuelto a encontrar ninguna pista ni se ha registrado ningún ataque suyo a ganado o colmenas. De acuerdo con los expertos, esta ausencia de información “prácticamente” certifica su muerte.

Su desaparición no ha sorprendido a nadie. Viejo, con más de 20 años en sus espaldas. Solo, el único que vivía de forma permanente en todo el Pirineo aragonés y navarro. Raro, el último del linaje pirenaico. Enfermo, con todo el culo pelado. Seguramente triste, pues Cannelle, la última hembra autóctona de toda la cordillera, murió por disparos de un cazador francés en 2004.

Los ejemplares eslovenos que se están reintroduciendo en el Pirineo central, apenas 20 en estos momentos, no son una subespecie diferente. Podrían ser la esperanza para recuperar (artificialmente) la especie. Sin embargo, el rechazo frontal de los ganaderos a su presencia no presagia nada bueno. Mientras no cambien estas actitudes, el futuro de estos osos no será mejor que el del pobre Camille.

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